Está demostrado que la risa eleva el umbral de la tolerancia al dolor, incrementa el ritmo cardíaco y “masajea” los órganos internos. Al mismo tiempo genera una poderosa relajación del sistema nervioso parasimpático, lo que hace disminuir la contracción de una serie de músculos blandos que están controlados por dicho sistema, reduciendo también por este medio la tensión y el estrés.